No podía creerlo. ¿Quién podía ser tan hijo de puta de jugar así con mis sentimientos?

Decido bajar simplemente a poner justicia y a acabar con esta broma de mal gusto. En pleno éxtasis de mi furia me apresuro hacia la puerta, y lo que me encuentro tras ella no sólo es desconcertante sino que además altera todos mis sentidos como hacía tiempo no pasaba. Me quedo paralizado y parpadeo una, dos y hasta tres veces: Es ella. La sujerto con más fuerza de lo que debería, mi cuerpo no responde normalmenta a los estímulos, está viviendo tantas emociones juntas que le sobrepasan. La beso y miro mi pecho: me falta algo. En el lugar donde debería estar mi corazón sólo hay un hueco; claro, lo tiene ella: me lo acaba de robar...pero... ¿Cómo lo ha hecho? ¿Poseerá algún tipo de fuerza maligna que subyuga mi voluntad y la pone a su merced? Intento averiguarlo; me zambullo en su mirada y buceo en esos preciosos ojos negros...pero tan sólo veo luz. Una luz tan potente que me atraviesa e incluso ilumina la calle.

Vuelvo a mirarla, sigue sin parecerme real...pero lo es. Rápidamente beso sus labios, esos labios cuya falta me hizo sufrir tanto. Los beso de nuevo, con fuerza, incluso intento arrancárselos tal y como ella ha hecho con mi corazón, pero no lo consigo.

Sin darme cuenta esa luz que ella irradia, no me atraviesa completamente sino que deja pequeños sedimentos en mi ser. Ahora yo también brillo. Es un brillo infinitamente más débil que el suyo pero me hace sentir especial, y olvido la egoista idea de quedarme con sus labios.

Me coge la mano y en ese justo momento me percato de que lo que acababa de ocurrir era lo más bonito que jamás habían hecho por mí.