Te odio a ti que no o bien no sabes respirar o tienes un silbato alojado en la nariz (además de tener los huevos de ir a diario a la biblioteca con tacones).

A ti orangután de mentalidad cerrada con menos intelecto que una mesa camilla que ridiculiza y golpea sin otra razón que ser superior físicamente o tener un séquito de indeseables borregos que comparten tus surrealistas ideas.

A ti cerdo incorregible que compartes vagón de metro con cientos de personas que como yo acaban odiando viajar en transporte público por tu molesto, pestilente y hediondo olor corporal.

A ti patético yonki que me pide dinero a cambio de nada y blasfema si no recibe lo que inexplicablemente cree merecer.

A ti puto reloj que pese haber costado tropecientos euros eres tan tonto que crees que todos los meses tienen 31 días.

Pero sobre todo te odio a ti que malgastas tus días odiando a todo el mundo y no contento con eso dedicas una entrada de tu blog comentándolo...

Reflexión de hoy: "Al menos mi albornoz me sirve también como hilo dental"